
El sonido de tus manos estrellarse contra tu cara, rompió en trozos mis pensamientos… la angustia que salía de tu boca al pronunciar “que se me destroza mi vida” fulminó los bordes de las caricias. Tus ojos rojos como el fuego quemaron las historias que se plasmaron en el cuarto, un golpe en mi vientre me decía a gritos que escapara… me quedé contigo… aun buscaba una salida para calmar el alma.
La tinta negra y agria que salía de tu lengua rociaba como acido mi camino, en silencio trague el amargo de su sabor y baje mi rostro… esta vez no dije nada. Otro golpe en mi vientre anhelaba que escapara, pero aun buscaba aquella salida para calmar el alma.
Tu ceguera enveneno las aguas del nilo, me quede al otro lado, me dejo tu barca… escribiste sobre las piedras palabras que imaginabas mientras en silencio tragaba aquel amargo y nunca dije nada. Pero aun así como dragón en furia a quemaropas me apuñaleabas.
Las lagrimas ya no salían por si solas, había perdido mis fuerza... las señales de mi vientre habían desistido de salvarme… habían decidido tirar la toalla pues solo quería salvar tu alma. Mi cabeza daba mil vueltas ahora era yo quien no encontraba la calma, pero aquella tarde un sonido despertó mi alma, devolvió mi sonrisa… y sin saberlo me apartó de ti…
Aquel sonido como caballitos al galope lleno el vacio, cambió el amargo y limpio el camino y con su dulce sonar vino a decirme… AQUÍ ESTOY, QUEDATE CONMIGO.


































