
El teléfono anuncia su llegada, el rojo de aquel aparato inteligente me vuelve majadera a lo que contestaran mis manos, el sudor de mi nariz me pone al descubierto la debilidad de mis sentidos, mis manos no logran coordinar las palabras; esta vez el teléfono suena… un sobre salto!, espero que suene dos veces para no dejar notar mis ansias… “Aquí estoy” se escucha.
Su voz me derrite, entra suavemente en mi odio y floja mis piernas. “ok, ya salgo” contesto… la sonrisa de los nervios sale por mi rostro, respiro profundo para calmar las ansias y abro la puerta… el oscuro de los cristales no me deja verlo; pero sé que está ahí esperándome, en silencio.
Abro la puerta del carro y su perfume me saluda, sonríe y me reciben sus manos, nos ponemos en marcha, alucinan mis ojos con el café de su piel, las palabras se escurren torpes por los bordes de mi boca. Su mirada cómplice de momentos saca destellos de sonrisas de mi semblante. El pecho palpita agitado, la respiración se entrecorta al acercarme… cierro los ojos, lo sueño y el mundo se para en un instante.
Sus pensamientos, sus historias, sus vivencias, su ideología rompen los muros monótonos de mis oídos, el verde de la carretera nos acompaña y yo lo tengo a mi lado, sonriendo, parloteando silabas que recojo con cuidado para que no se me escape una sola, las quiero todas… las disfruto, me lleno de ellas… pero quiero más.
Las paredes se estrechan con sus palabras, el sonido de su risita me gusta… para algunos molesta, a mi me encanta, su perfume recorre rincones, se queda conmigo, lo llevo aquí pegadito muy cerca, no quiere marcharse. Sus ojos negros se vuelven hipnóticos cuando me miran, caigo en sus redes… me gusta.
Una carcajada, el silencio… un beso, se detiene el tiempo… y vivo un momento inimaginable, increíble. Lo tengo, está aquí… si! está conmigo, no me lo creo, y puedo disfrutarlo por un buen rato… es mío? No sé, realmente no me importa, pero disfruto su presencia y esa tarde de jueves con la lluvia tocando suavemente el parabrisas un nuevo cd de arjona, con el que nos deleitábamos juntos, y su aroma pegadito a las narices, disfrute de las cosas buenas que me guarda la vida.
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