
Perseguida por la espada que llevas en tus ojos, me deje llevar por la miel de tus manos tomaste de mi el licor del placer, perdí mis fuerzas, me desvanecí.
Olvide las horas que pasaban corriendo en el maratón de esta locura, tome de ti la manzana prohibida la comí bajo el árbol genealógico de unos segundos que se esfumaron y hable lenguas que babel nunca entenderá.
Queme mi historia en las brazas de tu cuerpo, calcine mis pensamientos en tu olor, la luz tenue de una lámpara colgada nos hacia compañía, un sillón de cuero fue la cuna donde se meció la locura, que de a poco he logrado perder.
Suspiros, silencios, Suspiros, Gritos, Gritos, Gritos y Suspiros...
Todo se fue de las manos, la ceguera de Saramago nos embriago, el sonido de las estrofas de Drexler corrían en mi cabeza, y un respirar agitado nos supo a gloria, tocamos en cielo y todo quedo con…
Silencios, Silencios, Silencios, Silencios... y volvimos al…
Adios.
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