El todo y la nada de historias que un día fueron un sueño y hoy son más que recuerdos...
jueves, mayo 24
Ser Madre: Mi reto de valientes
Siempre dije que no tendría hijos, era mi lema principal cuando los domingos de visita en casa de mi madre se soltaba en la mesa el comentario de los nietos, mi hermano y mi hermano me miraban con cara de –tienes que ser tu- yo revotaba rápidamente esa mirada pues sabía muy bien lo que significaba y lo primero que salía de mi boca era “Yo no soy la mayor, ese peso no me toca por muchos años”.
Mi excusa para los niños era simple, no tenía la paciencia adecuada para atender a una criatura cuando estallaba en llanto en los brazos de su madre, además que tuve la mala experiencia de ver en una actividad de un centro de educación de alto rango de nuestro país como un niño de unos dos años casi explotaba en colores mientras gritaba a los pies de su madre para que esta lo arrullara en sus brazos y su respuesta, fría y sin remordimientos, fue que esperara a la nana que estaba en el baño.
En ese momento supe, que si no quería tener hijos para no hacerlos pasar por esa angustia - pues me consideraba tan fría como aquella señora - bueno, pues no los iba a tener. Pero luego recordé una frase muy utilizada por mi abuela “el que juega con fuego se quema” y al parecer incendié mi apartamento cuando en noviembre pasado al notar cambios muy extraños en mi organismo hice una visita a mi médico y en una prescripción ecográfica pude ver como se daba vueltas mi mundo.
No fue tan tormentoso como pensaba, imposible, solo me faltaba el aire, las articulaciones no me funcionaban, sentía un amargo en la garganta, tenía la visión borrosa, el estomago tenía un remolino de emociones bailándole en las esquinas y la cabeza comenzó a dolerme sin menor remordimiento; nada que no se pudiera calmar - digo yo-.
Como era de esperarse la sorpresa no fue sólo para mí sino también para quien había sido cómplice de aquella creación y al parecer por el tono de voz que tenía en aquel momento creo que su sorpresa fue MUCHO menos tormentosa que la mía en un modo muy sarcástico pues después de unos meses desapareció como por arte de magia. - ¡Cosas de la vida!-.
Pero así inicio todo, un proceso un poco tedioso, y un poco más vergonzoso, el de comunicarles a mi familia, amigos y demás conocidos que me encontraba en estado de gestación, y ver la alegría en el rostro de algunos, principalmente en el de mi familia, me confundía mucho más de lo que estaba, para mí no era de gran satisfacción este proceso ya que había asumido el reto de ser una mujer soltera consagrada con la eternidad y vivir mi vida sin privaciones a mí libertad.
Hasta que una mañana luego de cumplir los cuatro meses sentí un revoltijo en el estomago, no era hambre pues ya había desayunado, y al cabo de unos minutos volvió algo a moverse como diciendo “ Hola, aquí estoy”. Fue en ese momento cuando quede impregnada del amor de madre que antes no sentía solo por estar pensando en las situaciones futuras: Pampers, leche, cochecitos, biberones, colegios, ropa, comida, las salidas restringidas con las amigas, el dinero, los viajes, etc…
Y desde ese día nació en mí algo más que una madre, fui otra persona, cambie mi manera de pensar por completo… Deje atrás la apariencia social y me hice oídos sordos cuando me preguntaban de manera muy indiscreta: “¡Oh!, no sabía que te habías casado” Y haciéndome la fuerte para no estallar en cólera, con una sonrisa irónica les respondía “No, soy madre soltera y feliz”, esto me daba tanta risa al cabo de unos meses al ver que las personas ponían cara de “wow, que metida de pata”. Omití de mi vida toda mala vibra de personas que solo cuchicheaban por tomar aquella valiente elección y me ponía sudorosa cuando tenían que hacerme ecografías porque no quería escuchar ninguna mala noticia del doctor.
Pero es ahora cuando puedo decir que ha sido el mejor tiempo que he vivido en mi vida, esperar con ansias a Emma Sophia - ¡si porque es una niña!- ha sido el tiempo más largo, porque ya quiero tenerla en mis brazos, pero a la vez la etapa más enternecedora y completa de todas donde he descubierto que ser madre es más que una vocación, ser madre es un nuevo despertar, una completa transformación en la que en solo nueve meses dejas de ser la mujer que eras para convertirte en la que pronto llegarás a ser.
Ser madre es ser FELIZ!
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