
Suenan los murmullos de los fantasmas en mi cabeza, el roce de tus manos calma ansiedades… los momentos de cordura se me escapan, corren a tirarse por la borda. La lucidez dura poco frente a tus ojos mientras endulzas con miel el centro de mis oídos para quemar con tu indiferencia el sabor a eterno que se cuela despacio por debajo de las almohadas.
Sabe a hiel como me despegas del cielo y se comen tus palabras el sentimiento, dejándome el momento con sabor a nada. Soplan tus ojos los deseos de mi piel y de a poco se confunden con mis pensamientos cuando caen sobre la cama. Piso la tierra sin desearlo.
Espero en silencio un abrazo de tu boca, la despedida que gritan mis ojos en un “ADIOS QUE NO QUIERO” se me hace una penitencia; pido a gritos que vuelva el de las sabanas el cielo no me escucha y cierra las puertas. Cierro los ojos, retomo los instantes, sueño: Ah! Despego del suelo, ahora navego sobre la tierra.
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