sábado, octubre 22

Raíces


Marca el silencio las historias que se cuelan por las gotas que huyen por tus ojos, tu cabeza recrea fotografías imposibles,las calles de la ciudad te huelen a espiritus viejos.
Divagas por las aceras buscando una pared para tus oidos,rozas con la punta de tus dedos el aire que perdiste por las noches, te duelen las sienes cada vez que lo recuerdas,aprietas con fuerza...
El sonido no te deja ver más allá de los techos de las casas que se caen y te sientes cansada de que todo siga tan tranquilo.
Ya no puedes respirar más de este aire, recuerdas que te duele cada bocanada que das de el... Retienes la respiración y cierras los faroles que encienden los recuerdos y te sumerges en el mar salado de sus heridas, la noche te huele a sangre.
Regresas desnuda, caminando por las mismas aceras, con las palabras haciendo un nudo en tu lengua con las piernas mojadas y el deseo aun por dentro...
Limpias tus calles y vuelves a los repasos tal vez estos logren hazañas mejores... Lo hace! Lo lográs! Las palabras se sueltan en un grito ahogado, te liberas del cuerpo,el silencio se come el aire y quedas cansada pero al final lo hiciste sola y cómo siempre te preguntas: valdrá la pena sembrar raíces en esta tierra? Y ahí el silencio se te comió la respuesta.

jueves, octubre 20

Un jueves cualquiera...


El teléfono anuncia su llegada, el rojo de aquel aparato inteligente me vuelve majadera a lo que contestaran mis manos, el sudor de mi nariz me pone al descubierto la debilidad de mis sentidos, mis manos no logran coordinar las palabras; esta vez el teléfono suena… un sobre salto!, espero que suene dos veces para no dejar notar mis ansias… “Aquí estoy” se escucha.

Su voz me derrite, entra suavemente en mi odio y floja mis piernas. “ok, ya salgo” contesto… la sonrisa de los nervios sale por mi rostro, respiro profundo para calmar las ansias y abro la puerta… el oscuro de los cristales no me deja verlo; pero sé que está ahí esperándome, en silencio.

Abro la puerta del carro y su perfume me saluda, sonríe y me reciben sus manos, nos ponemos en marcha, alucinan mis ojos con el café de su piel, las palabras se escurren torpes por los bordes de mi boca. Su mirada cómplice de momentos saca destellos de sonrisas de mi semblante. El pecho palpita agitado, la respiración se entrecorta al acercarme… cierro los ojos, lo sueño y el mundo se para en un instante.

Sus pensamientos, sus historias, sus vivencias, su ideología rompen los muros monótonos de mis oídos, el verde de la carretera nos acompaña y yo lo tengo a mi lado, sonriendo, parloteando silabas que recojo con cuidado para que no se me escape una sola, las quiero todas… las disfruto, me lleno de ellas… pero quiero más.

Las paredes se estrechan con sus palabras, el sonido de su risita me gusta… para algunos molesta, a mi me encanta, su perfume recorre rincones, se queda conmigo, lo llevo aquí pegadito muy cerca, no quiere marcharse. Sus ojos negros se vuelven hipnóticos cuando me miran, caigo en sus redes… me gusta.

Una carcajada, el silencio… un beso, se detiene el tiempo… y vivo un momento inimaginable, increíble. Lo tengo, está aquí… si! está conmigo, no me lo creo, y puedo disfrutarlo por un buen rato… es mío? No sé, realmente no me importa, pero disfruto su presencia y esa tarde de jueves con la lluvia tocando suavemente el parabrisas un nuevo cd de arjona, con el que nos deleitábamos juntos, y su aroma pegadito a las narices, disfrute de las cosas buenas que me guarda la vida.

miércoles, octubre 5

Y si la edad supiera...


Y sí la edad supiera, las veces que he gritado, que he amado, que he sido feliz… las noches de luna ya no tendrían sentido, las palabras de mis labios caerían al suelo desperdiciando los acordes…
Y si la edad supiera, las batallas y caminos largos que he recorrido en silencio sin que el mundo sepa cuál fue mi vía, ni el medio que he tomado para llegar hasta aquí…
Si la edad supiera… los momentos que ahora vivo no valdrían la pena y las sensaciones serían otros segundos que pasan sin penas ni glorias por las zanjas que se arman en los bordes de mis ojos.
Y si la edad supiera… que no importan esas dos cifras, esos dígitos, esos números cuando el alma se desnuda, que no es lo que hayas pasado ni como mires la vida sino como valores esos instantes que ella te ofrece…
y si la edad supiera… que tal vez de lo que tú puedes vanagloriarte… QUIEN SABE... yo de vez en cuando me arrepiento.